El Observatorio astronómico del Midi de BigorreUn teleférico que lleva a las cimas del Pirineo francés04-feb-2010 Armando Cerrra López
Cabina del teleférico - Mónica Grimal
Alguien dijo que subir una montaña es acercarse al cielo. Cierto, aunque sólo sea por el mero hecho físico de la ascensión. Sin embargo, en el caso de la cumbre del Pic du Midi de Bigorre es más verdad, ya que en la cima se halla uno de los observatorios astronómicos más altos de Europa. Algo de historia del observatorioCon la intención de maravillarse con las estrellas, en 1714, escaló esta montaña el astrónomo francés François de Plantade. Ahí, la visión le fascinó, y desde entonces el pico cobró fama como idóneo para avistar constelaciones, planetas y fenómenos astronómicos. Tanto fue así que algo más de un siglo después, concretamente en 1878, se iniciaron las obras para construir, a nada más y nada menos que 2.778 metros de altitud, un observatorio astronómico, junto a una pionera estación meteorológica habilitada en el Midi de Bigorre cinco años antes. El acceso en teleféricoEs difícil evocar la epopeya de aquellos tiempos para construir ese mirador a las estrellas. Nada que ver con la actualidad, cuando se accede hasta el emplazamiento en apenas un cuarto de hora. A los pies del Midi de Bigorre se despliegan las pistas de esquí de La Mongie. Desde esta estación invernal parte un teleférico a la cumbre. Salvando un acusado desnivel de 1.000 metros, el trayecto aéreo proporciona una visión sugestiva de la montaña. Si disfrutar de las vistas e instalaciones de la cima es un lujo, la experiencia de alcanzarla en la cabina del teleférico tiene la emoción de planear sobre el agreste paisaje montañoso. El viaje hace una única parada en el Pic Taulet a 2.342 metros de altitud, y desde ahí hasta el Midi. Un cable tendido entre los dos picos, sin apoyo alguno, vibrante pero seguro, para remontar los últimos 500 metros teniendo a los pies el abismo del valle. Un poco de polémicaLa ingeniería actual gana este reto a la gravedad, y no sólo eso, sino que el teleférico funciona todos los días del año en un medio tan adverso como es la montaña y su duro clima. Únicamente se cierra las jornadas de fuertes vientos por motivos de seguridad. El teleférico acerca una cumbre pirenaica a personas de toda edad y condición física, algo que no ha contado con el beneplácito de los ciertos círculos de montañeros, que ven tal inversión como una aberración al medio y cierto desprestigio hacia su deporte favorito. El éxito del turismoTodo tiene explicación. A finales del siglo XX, el observatorio del Midi era deficitario y la amenaza de cierre se cernía sobre este lugar científico y ya histórico. Entonces se vio en la iniciativa turística una salvación. Para ello se acondicionó el viejo teleférico y se abrió al público en general. Así se inició la andadura de una experiencia, donde se combina turismo, medio natural, ciencia y cierta dosis de aventura. Hoy, al subir al pico, el visitante encuentra servicios inusuales a tal altitud. Una cafetería donde tomar un café o una cerveza, e incluso almorzar. Un museo para descubrir útiles y aparatos con los que contemplar el inmenso universo. Una exposición que plasma la historia del observatorio, entre cuyos hitos se evoca la colaboración con la NASA para los exitosos alunizajes de las misiones Apolo. Panorámicas únicasTambién en la explanada de la cumbre, rodeados por las cúpulas de diversos telescopios, hay elementos por los que mirar directamente al sol, acercarnos a él y llegar a ver su corona solar de la que constantemente fluyen inmensas llamaradas de energía. E incluso en fechas señaladas, se puede pernoctar en la cumbre. Son las llamadas soirées etoilées, en las que se disfruta de veladas astronómicas difícilmente imaginables en el medio urbano. Todo ello empequeñecido ante las más altas cumbres pirenaicas. En un día claro, mirando al norte se descubren los 3.404 metros del Aneto, cima de los Pirineos, el Monte Perdido en cuya vertiente española se extiende el Parque Nacional de Ordesa, mientras que en la francesa se despliega el Parque Nacional de los Pirineos. Igualmente se ve el corte natural que supone la Brecha de Rolando, o surge la cumbre del Vignemale, por cuyas entrañas se piensa horadar un largo túnel que una Francia y España. Mientras que dirigiendo la mirada al sur, el contrapunto es total: se tiende una extensa llanura adentrándose en el país galo. En definitiva, visiones antes reservadas a los alpinistas, y que ahora, gracias al atrevido teleférico, son un gozo para cualquier persona. Es más, se puede llegar a combinar la visita con la práctica deportiva en alta montaña. Desde el observatorio, dependiendo de la estación del año, se desciende en bicicleta de montaña o en esquís. E incluso, las noches invernales de luna llena se deja acceder a la cumbre para luego descender esquiando. En definitiva, hacer cima en el Midi de Bigorre, a 2.778 metros de altitud y disfrutar de los astros y de los más altos picos de la cordillera queda al alcance de todos. Copyright del artículo: Armando Cerrra López. Contacta con el autor de este artículo para obtener su permiso y autorización expresa para poder usar o publicar su contenido de forma total o parcial.
Más en Viajes y Turismo
|